Mientras menos entiendo lo que soy más me alejo de lo que era

martes, 16 de julio de 2013

Carta de una muerte anunciada.

No he dejado mi instinto animal, después de todos los esfuerzos por mantenerlo separado de mi razón, el muy condenado sigue aquí, haciéndose presente hasta en el último momento.
Creo que estoy muriendo. No sé cómo se siente morir, o tal vez sí, pero siento que es muy parecido a esto. Ya me sentía morir desde hace un año, más o menos, el alma me dolía, hoy ya no la siento y me preocupa, y esa preocupación la siento en el pecho, a la altura del corazón, a ratitos en los que siento que la muerte anda cerca, puedo olerla acercándose y alejándose según el clima. El aire me falta cuando la siento cerca, me arranca la vida a pedacitos, y el corazón me late a tumbos y duele y a veces siento que se detiene. 
No tengo interés en nada ni en nadie, ni en el café de la mañana, ni en la ducha de la tarde, ni en el libro de la noche, yo ya no leo, lo que lee es lo que sobra de mi ego, mis ojos pero ya no mis manos. No me emociona la aventura de fornicar con alguien, sin quererlo, sólo porque mi deseo quiere, aprendí a controlarlo, a encarcelar mi yo libidinoso en jaula de oro, sé que está más cómodo que yo acá en mi jaula de mierda, la que algunos llaman ciudad.
Pero ese instinto no me deja. Un día leí, no sé dónde, que algunos animales se alejan de todos cuando sienten que van a morir. He dejado de hablar con la gente, me incomoda que llamen, o que me inviten un café, al cine, o simplemente a caminar, ya no me gusta caminar. Me molesta que inventen motivos para acercarse a mí, cuando eso sucede me alejo rapidamente. Me he alejado de todos, y sé que no es por ellos, son buenas personas. Tal vez sea, sólo, que estoy muriendo. Pero no soy envidiosa, que esté sola no quiere decir que lo sea, es por eso que les regalo estas palabras en mi lecho de muerte.
¿Qué cuál es la causa? No lo sé, aunque imagino que algo tendrá que ver con desamores con estar "hasta las tetas de poetas, de bragueta y revolcón, de trovadores de contenedor".

miércoles, 3 de julio de 2013

Come fly with me, let's fly, let's fly away.

Me gustaría invitarte a mi mundo, que lo conocieras pero tengo miedo de que no signifique nada para ti, que un día abras la ventana y lo arroje lejos, muy lejos, conmigo ahí dentro. Tengo ganas de invitarte a pasar, y tomarnos un café mientras te explico como es que esto funciona, o al menos trata de funcionar. Tengo ganas de volar contigo pero dudo que tengas alas aunque si no las tienes, no importa, tampoco imaginas las ganas que tengo por enseñarte a volar y llevarte lejos, que te olvides de como es esto, que se te olvide caminar y veas la belleza de todo, en todo, desde arriba. También tengo ganas de mostrarte quién soy para que dejes de protegerte de mí, y si tengo suerte para que te quedes un rato. Tengo ganas de llevarte arriba pero no arriba en la escalera, sino arriba, muy arriba, realmente arriba, Tengo ganas de verte crecer, de un día enterarme que te cosiste las alas para volar a mi lado.

Lamento informarte que desde hace tiempo dejé de caminar, yo ya no me ensucio con el lodo del piso ni siquiera si un día por cualquier motivo bajo y ando entre la gente. No creas que es soberbia si de pronto me descubres viéndote desde arriba, no sé mirar de otra forma. Y si en mis ojos ya no encuentra un Te Quiero, no creas que realmente no te quiero, sólo que sé muy bien que tú a mí no, o no de la misma forma. Yo no te quiero como ellas, y nunca voy a poder quererte así, de un rato, para un rato, para hacerte mio y no saber dejarte ir, no, yo así no te quiero, así yo no sé querer. Tal vez no lo entiendas, como no me entiendes a mí. Te quiero, y es por eso que quiero verte grande, te quiero ver arriba pero quiero saber que lo apreciarás, porque mi cariño no es desechable, porque sé cómo ser tu todo sin que me pertenezcas y sin yo pertenecerte. Quiero que aprendas a ser coherente, porque cuando se dice algo y no concuerda con nuestros actos la palabra se va devaluando, quiero que aprendas a dejar de mentir, a ser valiente y que sepas morir por tus verdades. Yo no te quiero para un rato de museo o de café, o tal vez sí pero sólo puedo asegurarte algo, con ello no pretendo asustarte, sólo soy sincera. Si decides tomar mi mano y comenzar el viaje te advierto que puedes no regresar al mismo puerto.

Y si después de todo esto decides seguir caminando, a mí no me queda más que desearte suerte pues es verdad que tengo ganas de compartir mi vida contigo pero, como ya indiqué, hace mucho comencé a volar. y a lo único que estoy dispuesta es a mostrarte mi mundo y si es necesario llevarte, porque el tuyo, aunque no me creas, lo conozco, estuve ahí y si de algo no me arrepiento es de haber aprendido a volar.




¿Cómo pretendes alcanzar a la Luna si sigues caminando sobre la Tierra?