No he dejado mi instinto animal, después de todos los esfuerzos por mantenerlo separado de mi razón, el muy condenado sigue aquí, haciéndose presente hasta en el último momento.
Creo que estoy muriendo. No sé cómo se siente morir, o tal vez sí, pero siento que es muy parecido a esto. Ya me sentía morir desde hace un año, más o menos, el alma me dolía, hoy ya no la siento y me preocupa, y esa preocupación la siento en el pecho, a la altura del corazón, a ratitos en los que siento que la muerte anda cerca, puedo olerla acercándose y alejándose según el clima. El aire me falta cuando la siento cerca, me arranca la vida a pedacitos, y el corazón me late a tumbos y duele y a veces siento que se detiene.
No tengo interés en nada ni en nadie, ni en el café de la mañana, ni en la ducha de la tarde, ni en el libro de la noche, yo ya no leo, lo que lee es lo que sobra de mi ego, mis ojos pero ya no mis manos. No me emociona la aventura de fornicar con alguien, sin quererlo, sólo porque mi deseo quiere, aprendí a controlarlo, a encarcelar mi yo libidinoso en jaula de oro, sé que está más cómodo que yo acá en mi jaula de mierda, la que algunos llaman ciudad.
Pero ese instinto no me deja. Un día leí, no sé dónde, que algunos animales se alejan de todos cuando sienten que van a morir. He dejado de hablar con la gente, me incomoda que llamen, o que me inviten un café, al cine, o simplemente a caminar, ya no me gusta caminar. Me molesta que inventen motivos para acercarse a mí, cuando eso sucede me alejo rapidamente. Me he alejado de todos, y sé que no es por ellos, son buenas personas. Tal vez sea, sólo, que estoy muriendo. Pero no soy envidiosa, que esté sola no quiere decir que lo sea, es por eso que les regalo estas palabras en mi lecho de muerte.
¿Qué cuál es la causa? No lo sé, aunque imagino que algo tendrá que ver con desamores con estar "hasta las tetas de poetas, de bragueta y revolcón, de trovadores de contenedor".