Mientras menos entiendo lo que soy más me alejo de lo que era

jueves, 16 de abril de 2015

Gracias.

Me agradeces por estar cuándo más lo necesitas, en los días malos, en las noches frías, en las tardes de cine, cuando no hay nadie. Si supieras que de poder te llevaría a viajar por el universo para ver que tan insignificantes somos, para saber que nuestros problemas no valen nada, para verte sonreír conmigo cuando descubras que al no ser más que polvo de estrellas no iremos con el viento.

De poder te acompañaría a Europa y viajaríamos a Italia, aprendería italiano y te recitaría tu poema favorito para darte gusto, para verte sonreír un rato. Le daría vueltas al mundo para que girara más rápido, para que vieras a todos desde arriba, corriendo y no sabiendo manejar sus vidas, te ayudaría a ser Dios por un momento, pondría en tus manos la suerte del universo y te vería desde lejos. Si pudiera pararía el tiempo para que la edad dejara de torturarte, haría que el reloj corriera hacia atrás y se detuviera en el momento más bello de toda tu vida. 

Pero qué bueno que no eres consciente de todo lo que podría hacer por ti porque entonces lo que ahora hago parecería insignificante, creerías que no me importas pero algo ten por seguro de poder, de poder me quedaría a tu lado toda la vida para iluminarte los ojos y hacerte más dulce el camino, para adornarte los sueños, para estar a tu lado cuando todos se vayan. Lo vales, aunque no te des cuenta que podría darte esto y más si así lo pidieras...

domingo, 22 de septiembre de 2013

At last, time comes to an end.

Hoy, el día luce como para no desperdiciar de él ni un segundo. Dormir no estuvo dentro de "mis cosas por hacer este día". Ayer vi como el sol moría, hoy lo vi renacer. Y al no perderme ningún detalle del presente, entendí que ese proceso es parte de la vida, de nuestras vidas.

En ocasiones creemos morir, lo sentimos, sabemos que algo dentro de nosotros se apaga y nos congela. Creemos tener la desdicha más grande del mundo, que si Dios existe entonces nos odia, nos entra esa maldita tristeza al reconocer que nada volverá a ser igual y en eso tenemos razón, las cosas cambian y nosotros con ellas. Nos dejamos morir y en un punto de esa lenta y progresiva muerte descubrimos que ya no somos lo que fuimos, nos desconocemos y desconocemos lo que seremos. Nada vislumbramos entonces, todo se apaga.

Y de pronto, cuando damos este baile por terminado, sentimos que los pulmones se nos comienzan a llenar, lentamente, de aire y luz. Volvemos a abrir los ojos y aunque al principio no vemos nada, sabemos que algo está a punto de ocurrir, un sol naciente está en camino. Nos deshacemos del miedo, del pánico que nos da volver a levantarnos, juntar las piezas rotas y ponerlas en su lugar, reinventarnos. Y sin darnos cuenta, todo comienza a ir, el río retoma su cause y fluye, tan lindo, tan libre. Una mejor versión de nosotros se manifiesta en cada una de nuestras acciones.



Hoy el día luce como para creer profundamente en aquella frase que algunas personas dicen "Para que algo nuevo llegue, algo viejo debe salir", lo mismo aplica con la vida y las personas. Usualmente nos aferramos y nos encaprichamos al recuerdo de un alguien, queremos, deseamos estar con esa persona, no importa el daño que nos haya hecho, o el lado más puto que nos haya hecho conocer de nosotros mismos. El amor, o en su caso admiración, que sentimos por ese alguien nos impide reconocer que el destino es tan increíble que nos pone frente a quien debemos estar y nos aleja de aquellas personas de las que aprendimos lo suficiente como para jugárnosla sin ellos. Pero si no aprendemos a dejarlas ir, si no creemos firmemente en que si se fue es porque algo bueno llegará, entonces nada llegará.

Hoy por primera vez estoy feliz de haberme vuelto a construir, de haber juntado mis piezas, las más posibles, y de haber cocinado las extraviadas. Hoy, por fin sé, que todo lo sufrido y todo lo llorado valió la pena, y no precisamente por ese sentimiento de melancolía, no, sino por reconocerme aún así, irreconocible entre un mar de dudas, y haberme salvado. Hoy no quiero perderme ningún segundo del día, ni un espacio de mi mente libre, sin fantasmas, sin odios y rencores, sin los muertos que tanto tiempo arrastré.

Hoy las cosas llegan, porque deben llegar, porque no me aferro a ellas y si se van entonces será momento de desearles lo mejor.


¡Carpe Diem!

martes, 16 de julio de 2013

Carta de una muerte anunciada.

No he dejado mi instinto animal, después de todos los esfuerzos por mantenerlo separado de mi razón, el muy condenado sigue aquí, haciéndose presente hasta en el último momento.
Creo que estoy muriendo. No sé cómo se siente morir, o tal vez sí, pero siento que es muy parecido a esto. Ya me sentía morir desde hace un año, más o menos, el alma me dolía, hoy ya no la siento y me preocupa, y esa preocupación la siento en el pecho, a la altura del corazón, a ratitos en los que siento que la muerte anda cerca, puedo olerla acercándose y alejándose según el clima. El aire me falta cuando la siento cerca, me arranca la vida a pedacitos, y el corazón me late a tumbos y duele y a veces siento que se detiene. 
No tengo interés en nada ni en nadie, ni en el café de la mañana, ni en la ducha de la tarde, ni en el libro de la noche, yo ya no leo, lo que lee es lo que sobra de mi ego, mis ojos pero ya no mis manos. No me emociona la aventura de fornicar con alguien, sin quererlo, sólo porque mi deseo quiere, aprendí a controlarlo, a encarcelar mi yo libidinoso en jaula de oro, sé que está más cómodo que yo acá en mi jaula de mierda, la que algunos llaman ciudad.
Pero ese instinto no me deja. Un día leí, no sé dónde, que algunos animales se alejan de todos cuando sienten que van a morir. He dejado de hablar con la gente, me incomoda que llamen, o que me inviten un café, al cine, o simplemente a caminar, ya no me gusta caminar. Me molesta que inventen motivos para acercarse a mí, cuando eso sucede me alejo rapidamente. Me he alejado de todos, y sé que no es por ellos, son buenas personas. Tal vez sea, sólo, que estoy muriendo. Pero no soy envidiosa, que esté sola no quiere decir que lo sea, es por eso que les regalo estas palabras en mi lecho de muerte.
¿Qué cuál es la causa? No lo sé, aunque imagino que algo tendrá que ver con desamores con estar "hasta las tetas de poetas, de bragueta y revolcón, de trovadores de contenedor".

miércoles, 3 de julio de 2013

Come fly with me, let's fly, let's fly away.

Me gustaría invitarte a mi mundo, que lo conocieras pero tengo miedo de que no signifique nada para ti, que un día abras la ventana y lo arroje lejos, muy lejos, conmigo ahí dentro. Tengo ganas de invitarte a pasar, y tomarnos un café mientras te explico como es que esto funciona, o al menos trata de funcionar. Tengo ganas de volar contigo pero dudo que tengas alas aunque si no las tienes, no importa, tampoco imaginas las ganas que tengo por enseñarte a volar y llevarte lejos, que te olvides de como es esto, que se te olvide caminar y veas la belleza de todo, en todo, desde arriba. También tengo ganas de mostrarte quién soy para que dejes de protegerte de mí, y si tengo suerte para que te quedes un rato. Tengo ganas de llevarte arriba pero no arriba en la escalera, sino arriba, muy arriba, realmente arriba, Tengo ganas de verte crecer, de un día enterarme que te cosiste las alas para volar a mi lado.

Lamento informarte que desde hace tiempo dejé de caminar, yo ya no me ensucio con el lodo del piso ni siquiera si un día por cualquier motivo bajo y ando entre la gente. No creas que es soberbia si de pronto me descubres viéndote desde arriba, no sé mirar de otra forma. Y si en mis ojos ya no encuentra un Te Quiero, no creas que realmente no te quiero, sólo que sé muy bien que tú a mí no, o no de la misma forma. Yo no te quiero como ellas, y nunca voy a poder quererte así, de un rato, para un rato, para hacerte mio y no saber dejarte ir, no, yo así no te quiero, así yo no sé querer. Tal vez no lo entiendas, como no me entiendes a mí. Te quiero, y es por eso que quiero verte grande, te quiero ver arriba pero quiero saber que lo apreciarás, porque mi cariño no es desechable, porque sé cómo ser tu todo sin que me pertenezcas y sin yo pertenecerte. Quiero que aprendas a ser coherente, porque cuando se dice algo y no concuerda con nuestros actos la palabra se va devaluando, quiero que aprendas a dejar de mentir, a ser valiente y que sepas morir por tus verdades. Yo no te quiero para un rato de museo o de café, o tal vez sí pero sólo puedo asegurarte algo, con ello no pretendo asustarte, sólo soy sincera. Si decides tomar mi mano y comenzar el viaje te advierto que puedes no regresar al mismo puerto.

Y si después de todo esto decides seguir caminando, a mí no me queda más que desearte suerte pues es verdad que tengo ganas de compartir mi vida contigo pero, como ya indiqué, hace mucho comencé a volar. y a lo único que estoy dispuesta es a mostrarte mi mundo y si es necesario llevarte, porque el tuyo, aunque no me creas, lo conozco, estuve ahí y si de algo no me arrepiento es de haber aprendido a volar.




¿Cómo pretendes alcanzar a la Luna si sigues caminando sobre la Tierra?

viernes, 28 de junio de 2013

Reordenando el caos.

Se tiró al pie de la cama, vencida, incapaz de sostenerle la mirada al presente, ni al destino. Las lagrimas brotaban de sus ojos como una cascada de aguas dulces y de ventisca helada, incontenibles. Pronto adoptó una posición fetal, abrazó todas sus partes, las restregó contra su cuerpo en un acto de afirmar su posesión, pues su alma podía estar rota pero aún era suya, aún le pertenecía. El repetido sonido de su llanto le provocó asco, se asqueó de su fragilidad, vomitó los recuerdos, los quería lejos, lejos de ella, lejos de su memoria que no se cansaba de traicionarla por las noches, por las mañanas, cuando cerraba los ojos y la hacía regresar al abismo. Su memoria la odiaba tanto que le hacía sentir sus manos, volvía a escuchar sus palabras, volvía a sentir el frío del suelo, la vertiginosidad de la caída, en cámara lenta por si se había perdido algún detalle, por si aún no sabía cómo es que había llegado a ese infierno en el que lento, muy lentamente se quemaba, en el que ardía, en el que, a pesar del paso del tiempo, cada vez se hundía más y cuando creía que ya estaba tocando el fondo, la vida, si a eso se le puede llamar vida, le hacía saber que se podía estar más abajo.

De noche se recostaba sobre su almohada, rendida, cansada de la farsa de salir a caminar, cansa de su propia respiración, se tiraba boca abajo y se sumergía entre las frías sábanas de su cama, frías como el hielo que cubría su habitación, tan frías que le volvían a recordar lo frío de la caída, la caída que la dejó rota. Y buscaba sus partes, las buscaba con suma desesperación que le brotaba por los ojos, por los codos, por la boca, por todos los poros de la piel. Quería asegurarse de no haber perdido ninguna de sus piezas después de tanto tiempo, quería saber que aún estaban todas, que aún podía volver a ser la misma.

Cayó en cuenta de que no era más que eso. Como cuando uno rompe algo sin querer, y lo vuelve a posicionar de manera que parezca que no pasó nada pero en cuando alguien lo toca se cae a pedazos.

Pi. 3.1416

No suelto tu recuerdo porque no me puede lastimar más. Es como una fórmula, como pi, 3.1416, ayer 3.1416, mañana 3.1416, no varía, no sorprende con los inesperados cambios y el fastidio de tener que volver a recomenzar de nuevo, adaptarse de nuevo, reinventarse.
Tal vez sea por eso que aún te sigo nombrando, tu dolor lo tengo calculado, la dosis de tristeza también. Pi, 3.1416.
Y si me atrevo a volver a querer a alguien, no puedo, no entiendo , me sorprenden tanto que la sorpresa se transforma en confusión, y me siento perdida, el dolor no lo reconozco, no es la medida que soporto. Me cambian la fórmula constantemente, y detesto volver a comenzar. Borrar lo que hasta entonces daba por hecho, y aprenderme otra fórmula, una que varía, una de la que no estoy segura. Sin embargo, tu recuerdo es constante, pi: 3.1416.
Pero no eres más que eso, una fórmula que al paso del tiempo se vuelve ineficaz, inservible,  sin sentido. inaplicable a la ciencia de mi vida. Me siento segura en tu constante delirio, repitiendo una y mil veces 3.1416, pero en el fondo sé que la seguridad y certeza que me brinda tu recuerdo no me sirve....

















D.W.  3.1416

lunes, 27 de mayo de 2013

Quien quiera que seas.

Y aunque usted no lo sepa vino a cambiarme el mundo, así, de pronto, me salvó y ni se ha enterado. Puede que tampoco se entere de lo mágica que es su existencia, pero le juro que no miento cuando digo que su sonrisa me ha llenado de vida, de esa misma que creía perdida.

Espero que nunca me sorprenda observándolo, en silencio, desde el otro lado de la habitación, observando sus dedos que parecen ojos, y su mente, su maravillosa mente, llena de ideas, de filósofos, de su esencia, de caricias que da en forma de palabras. Su voz, sus ojos que irradian luz, su boca que tal vez en mi vida pueda tocar mi boca pero que aún así, a distancia, me hace flotar a un palmo del suelo.

¿Qué se siente, dígame usted, que su propia existencia sea la razón para despertar de alguien? ¿Qué se siente que sea su existencia el motivo de estas palabras? Podría hacerle más preguntas, pero usted aún no se ha enterado que he vuelto a vomitar conejitos, que me pongo nerviosa cuando tengo que hablar con usted, que es el café de sus ojos lo que me despierta por las mañanas. Que es su existencia el motivo mismo de la mía.

Y así, aparece usted de repente y todo vuelve a ser nuevo. Sin saberlo curó las heridas de mi alma. Me hizo olvidar las infamias del pasado, obligándome a rescatar lo mejor de mi historia, de mis mejores glorias.

No importa, si nunca se llega a enterar de que estas palabras son de usted, por usted y para usted. Sólo permítame verlo un día más, así, en silencio, de lejos. Voltéeme a ver fugazmente y regáleme por un segundo la marea de misterio que se revuelve en sus ojos. Tampoco me mire mucho tiempo, pero si en algún momento usted lo desea, míreme toda la eternidad.