Mientras menos entiendo lo que soy más me alejo de lo que era

domingo, 22 de septiembre de 2013

At last, time comes to an end.

Hoy, el día luce como para no desperdiciar de él ni un segundo. Dormir no estuvo dentro de "mis cosas por hacer este día". Ayer vi como el sol moría, hoy lo vi renacer. Y al no perderme ningún detalle del presente, entendí que ese proceso es parte de la vida, de nuestras vidas.

En ocasiones creemos morir, lo sentimos, sabemos que algo dentro de nosotros se apaga y nos congela. Creemos tener la desdicha más grande del mundo, que si Dios existe entonces nos odia, nos entra esa maldita tristeza al reconocer que nada volverá a ser igual y en eso tenemos razón, las cosas cambian y nosotros con ellas. Nos dejamos morir y en un punto de esa lenta y progresiva muerte descubrimos que ya no somos lo que fuimos, nos desconocemos y desconocemos lo que seremos. Nada vislumbramos entonces, todo se apaga.

Y de pronto, cuando damos este baile por terminado, sentimos que los pulmones se nos comienzan a llenar, lentamente, de aire y luz. Volvemos a abrir los ojos y aunque al principio no vemos nada, sabemos que algo está a punto de ocurrir, un sol naciente está en camino. Nos deshacemos del miedo, del pánico que nos da volver a levantarnos, juntar las piezas rotas y ponerlas en su lugar, reinventarnos. Y sin darnos cuenta, todo comienza a ir, el río retoma su cause y fluye, tan lindo, tan libre. Una mejor versión de nosotros se manifiesta en cada una de nuestras acciones.



Hoy el día luce como para creer profundamente en aquella frase que algunas personas dicen "Para que algo nuevo llegue, algo viejo debe salir", lo mismo aplica con la vida y las personas. Usualmente nos aferramos y nos encaprichamos al recuerdo de un alguien, queremos, deseamos estar con esa persona, no importa el daño que nos haya hecho, o el lado más puto que nos haya hecho conocer de nosotros mismos. El amor, o en su caso admiración, que sentimos por ese alguien nos impide reconocer que el destino es tan increíble que nos pone frente a quien debemos estar y nos aleja de aquellas personas de las que aprendimos lo suficiente como para jugárnosla sin ellos. Pero si no aprendemos a dejarlas ir, si no creemos firmemente en que si se fue es porque algo bueno llegará, entonces nada llegará.

Hoy por primera vez estoy feliz de haberme vuelto a construir, de haber juntado mis piezas, las más posibles, y de haber cocinado las extraviadas. Hoy, por fin sé, que todo lo sufrido y todo lo llorado valió la pena, y no precisamente por ese sentimiento de melancolía, no, sino por reconocerme aún así, irreconocible entre un mar de dudas, y haberme salvado. Hoy no quiero perderme ningún segundo del día, ni un espacio de mi mente libre, sin fantasmas, sin odios y rencores, sin los muertos que tanto tiempo arrastré.

Hoy las cosas llegan, porque deben llegar, porque no me aferro a ellas y si se van entonces será momento de desearles lo mejor.


¡Carpe Diem!

martes, 16 de julio de 2013

Carta de una muerte anunciada.

No he dejado mi instinto animal, después de todos los esfuerzos por mantenerlo separado de mi razón, el muy condenado sigue aquí, haciéndose presente hasta en el último momento.
Creo que estoy muriendo. No sé cómo se siente morir, o tal vez sí, pero siento que es muy parecido a esto. Ya me sentía morir desde hace un año, más o menos, el alma me dolía, hoy ya no la siento y me preocupa, y esa preocupación la siento en el pecho, a la altura del corazón, a ratitos en los que siento que la muerte anda cerca, puedo olerla acercándose y alejándose según el clima. El aire me falta cuando la siento cerca, me arranca la vida a pedacitos, y el corazón me late a tumbos y duele y a veces siento que se detiene. 
No tengo interés en nada ni en nadie, ni en el café de la mañana, ni en la ducha de la tarde, ni en el libro de la noche, yo ya no leo, lo que lee es lo que sobra de mi ego, mis ojos pero ya no mis manos. No me emociona la aventura de fornicar con alguien, sin quererlo, sólo porque mi deseo quiere, aprendí a controlarlo, a encarcelar mi yo libidinoso en jaula de oro, sé que está más cómodo que yo acá en mi jaula de mierda, la que algunos llaman ciudad.
Pero ese instinto no me deja. Un día leí, no sé dónde, que algunos animales se alejan de todos cuando sienten que van a morir. He dejado de hablar con la gente, me incomoda que llamen, o que me inviten un café, al cine, o simplemente a caminar, ya no me gusta caminar. Me molesta que inventen motivos para acercarse a mí, cuando eso sucede me alejo rapidamente. Me he alejado de todos, y sé que no es por ellos, son buenas personas. Tal vez sea, sólo, que estoy muriendo. Pero no soy envidiosa, que esté sola no quiere decir que lo sea, es por eso que les regalo estas palabras en mi lecho de muerte.
¿Qué cuál es la causa? No lo sé, aunque imagino que algo tendrá que ver con desamores con estar "hasta las tetas de poetas, de bragueta y revolcón, de trovadores de contenedor".

miércoles, 3 de julio de 2013

Come fly with me, let's fly, let's fly away.

Me gustaría invitarte a mi mundo, que lo conocieras pero tengo miedo de que no signifique nada para ti, que un día abras la ventana y lo arroje lejos, muy lejos, conmigo ahí dentro. Tengo ganas de invitarte a pasar, y tomarnos un café mientras te explico como es que esto funciona, o al menos trata de funcionar. Tengo ganas de volar contigo pero dudo que tengas alas aunque si no las tienes, no importa, tampoco imaginas las ganas que tengo por enseñarte a volar y llevarte lejos, que te olvides de como es esto, que se te olvide caminar y veas la belleza de todo, en todo, desde arriba. También tengo ganas de mostrarte quién soy para que dejes de protegerte de mí, y si tengo suerte para que te quedes un rato. Tengo ganas de llevarte arriba pero no arriba en la escalera, sino arriba, muy arriba, realmente arriba, Tengo ganas de verte crecer, de un día enterarme que te cosiste las alas para volar a mi lado.

Lamento informarte que desde hace tiempo dejé de caminar, yo ya no me ensucio con el lodo del piso ni siquiera si un día por cualquier motivo bajo y ando entre la gente. No creas que es soberbia si de pronto me descubres viéndote desde arriba, no sé mirar de otra forma. Y si en mis ojos ya no encuentra un Te Quiero, no creas que realmente no te quiero, sólo que sé muy bien que tú a mí no, o no de la misma forma. Yo no te quiero como ellas, y nunca voy a poder quererte así, de un rato, para un rato, para hacerte mio y no saber dejarte ir, no, yo así no te quiero, así yo no sé querer. Tal vez no lo entiendas, como no me entiendes a mí. Te quiero, y es por eso que quiero verte grande, te quiero ver arriba pero quiero saber que lo apreciarás, porque mi cariño no es desechable, porque sé cómo ser tu todo sin que me pertenezcas y sin yo pertenecerte. Quiero que aprendas a ser coherente, porque cuando se dice algo y no concuerda con nuestros actos la palabra se va devaluando, quiero que aprendas a dejar de mentir, a ser valiente y que sepas morir por tus verdades. Yo no te quiero para un rato de museo o de café, o tal vez sí pero sólo puedo asegurarte algo, con ello no pretendo asustarte, sólo soy sincera. Si decides tomar mi mano y comenzar el viaje te advierto que puedes no regresar al mismo puerto.

Y si después de todo esto decides seguir caminando, a mí no me queda más que desearte suerte pues es verdad que tengo ganas de compartir mi vida contigo pero, como ya indiqué, hace mucho comencé a volar. y a lo único que estoy dispuesta es a mostrarte mi mundo y si es necesario llevarte, porque el tuyo, aunque no me creas, lo conozco, estuve ahí y si de algo no me arrepiento es de haber aprendido a volar.




¿Cómo pretendes alcanzar a la Luna si sigues caminando sobre la Tierra?

viernes, 28 de junio de 2013

Reordenando el caos.

Se tiró al pie de la cama, vencida, incapaz de sostenerle la mirada al presente, ni al destino. Las lagrimas brotaban de sus ojos como una cascada de aguas dulces y de ventisca helada, incontenibles. Pronto adoptó una posición fetal, abrazó todas sus partes, las restregó contra su cuerpo en un acto de afirmar su posesión, pues su alma podía estar rota pero aún era suya, aún le pertenecía. El repetido sonido de su llanto le provocó asco, se asqueó de su fragilidad, vomitó los recuerdos, los quería lejos, lejos de ella, lejos de su memoria que no se cansaba de traicionarla por las noches, por las mañanas, cuando cerraba los ojos y la hacía regresar al abismo. Su memoria la odiaba tanto que le hacía sentir sus manos, volvía a escuchar sus palabras, volvía a sentir el frío del suelo, la vertiginosidad de la caída, en cámara lenta por si se había perdido algún detalle, por si aún no sabía cómo es que había llegado a ese infierno en el que lento, muy lentamente se quemaba, en el que ardía, en el que, a pesar del paso del tiempo, cada vez se hundía más y cuando creía que ya estaba tocando el fondo, la vida, si a eso se le puede llamar vida, le hacía saber que se podía estar más abajo.

De noche se recostaba sobre su almohada, rendida, cansada de la farsa de salir a caminar, cansa de su propia respiración, se tiraba boca abajo y se sumergía entre las frías sábanas de su cama, frías como el hielo que cubría su habitación, tan frías que le volvían a recordar lo frío de la caída, la caída que la dejó rota. Y buscaba sus partes, las buscaba con suma desesperación que le brotaba por los ojos, por los codos, por la boca, por todos los poros de la piel. Quería asegurarse de no haber perdido ninguna de sus piezas después de tanto tiempo, quería saber que aún estaban todas, que aún podía volver a ser la misma.

Cayó en cuenta de que no era más que eso. Como cuando uno rompe algo sin querer, y lo vuelve a posicionar de manera que parezca que no pasó nada pero en cuando alguien lo toca se cae a pedazos.

Pi. 3.1416

No suelto tu recuerdo porque no me puede lastimar más. Es como una fórmula, como pi, 3.1416, ayer 3.1416, mañana 3.1416, no varía, no sorprende con los inesperados cambios y el fastidio de tener que volver a recomenzar de nuevo, adaptarse de nuevo, reinventarse.
Tal vez sea por eso que aún te sigo nombrando, tu dolor lo tengo calculado, la dosis de tristeza también. Pi, 3.1416.
Y si me atrevo a volver a querer a alguien, no puedo, no entiendo , me sorprenden tanto que la sorpresa se transforma en confusión, y me siento perdida, el dolor no lo reconozco, no es la medida que soporto. Me cambian la fórmula constantemente, y detesto volver a comenzar. Borrar lo que hasta entonces daba por hecho, y aprenderme otra fórmula, una que varía, una de la que no estoy segura. Sin embargo, tu recuerdo es constante, pi: 3.1416.
Pero no eres más que eso, una fórmula que al paso del tiempo se vuelve ineficaz, inservible,  sin sentido. inaplicable a la ciencia de mi vida. Me siento segura en tu constante delirio, repitiendo una y mil veces 3.1416, pero en el fondo sé que la seguridad y certeza que me brinda tu recuerdo no me sirve....

















D.W.  3.1416

lunes, 27 de mayo de 2013

Quien quiera que seas.

Y aunque usted no lo sepa vino a cambiarme el mundo, así, de pronto, me salvó y ni se ha enterado. Puede que tampoco se entere de lo mágica que es su existencia, pero le juro que no miento cuando digo que su sonrisa me ha llenado de vida, de esa misma que creía perdida.

Espero que nunca me sorprenda observándolo, en silencio, desde el otro lado de la habitación, observando sus dedos que parecen ojos, y su mente, su maravillosa mente, llena de ideas, de filósofos, de su esencia, de caricias que da en forma de palabras. Su voz, sus ojos que irradian luz, su boca que tal vez en mi vida pueda tocar mi boca pero que aún así, a distancia, me hace flotar a un palmo del suelo.

¿Qué se siente, dígame usted, que su propia existencia sea la razón para despertar de alguien? ¿Qué se siente que sea su existencia el motivo de estas palabras? Podría hacerle más preguntas, pero usted aún no se ha enterado que he vuelto a vomitar conejitos, que me pongo nerviosa cuando tengo que hablar con usted, que es el café de sus ojos lo que me despierta por las mañanas. Que es su existencia el motivo mismo de la mía.

Y así, aparece usted de repente y todo vuelve a ser nuevo. Sin saberlo curó las heridas de mi alma. Me hizo olvidar las infamias del pasado, obligándome a rescatar lo mejor de mi historia, de mis mejores glorias.

No importa, si nunca se llega a enterar de que estas palabras son de usted, por usted y para usted. Sólo permítame verlo un día más, así, en silencio, de lejos. Voltéeme a ver fugazmente y regáleme por un segundo la marea de misterio que se revuelve en sus ojos. Tampoco me mire mucho tiempo, pero si en algún momento usted lo desea, míreme toda la eternidad.

martes, 21 de mayo de 2013

Y Tar, Tar tan sólo estaba en su cabeza.

La noche llegó y con ella el recuerdo, lo recordó como quién recuerda al fin algo que creía olvidado. Tembló de miedo. Creía haberlo olvidado. 
Él la olvidó y no pudo volver a recordarla. Caducó el amor que por ella sintió, sus palabras dejaron de nombrarla. El corazón ya no le vibraba, o al menos no por ella.
Ambos se asomaron por la ventana, observaron la misma luna y los cubrió el mismo cielo, sin embargo, sus almas ya no se pertenecían, el universo que ahora construían ya no era el mismo que en su tiempo los fusiono.


-La luna era más bella en sus ojos. -Pensó ella. 
-Ahora la luna brilla más -Pensó él.

Nada tenían que perder ahora, el ya había perdido el amor que sentía, ella al amor de su vida, pero seguían caminando como quién sabe que no tiene mucho sentido hacerlo, con la esperanza de que en algún momento todo quedará en el pasado y se podrá regresar al recuerdo sin salir de él con yagas en el alma.
Hoy ella camina con los pies sobre la acera, ausente vaga, su mente se encuentra muy lejos de lo que observan sus ojos perdidos, irreconocibles. Él viaja de la mano de alguien, con la mirada enamorada y los pies flotando a un palmo del suelo, caminando hacia donde sus ojos miran.

Él dejó de mirarla. Nunca la miró.

Tal vez después de todo él tenía razón cuando le dijo -Y Tar tan sólo estaba en su cabeza.

sábado, 13 de abril de 2013

Del todo y la nada.

¿Recuerdas cuando veíamos las estrellas? ¿Cuando creíamos que íbamos a estar juntos toda la vida, incluso hoy? ¿Recuerdas cuando el cielo nos envolvía con su oscuridad, mientras el viento nos mecía suave, despacio como sin prisa? Bien sabía que no nos cansábamos de contar estrellas, de apreciar el negro azul del cielo, ¿recuerdas esas noches que pasamos con los pulmones llenos del humo del cigarro, con los ojos llenos de estrellas y el corazón repleto de sueños? Nuestros ojos no reflejaban más que inocencia.

Y ¿hoy que somos? Hoy somos el viento que nos acarició aquella noche, ese viento que nos congeló los sueños y las ganas de hacer eterno lo pasajero. Hoy somos el recuerdo de las noches en el columpio, el recuerdo de los ojos y las estrellas. Hoy como ayer, no somos nada.

sábado, 9 de febrero de 2013

Incondicional

Me gustas como para observarte mientras duermes, como para cantarte al oído, en voz baja, una canción que hable sobre amores, de esos que parecen no tener final.
Me gustas como para descansar sobre tu pecho y escuchar tu corazón, latiendo, latiendo siempre. Como para robarte el primer suspiro de la mañana, como para pensarte a diario, cerca, lejos, conmigo, sin mí, pero pensarte.
Me gustas como para volverme loca de la vida, como para despojarte de la boca ese beso que espera, por mí, por otra, me gustas para hacerte mío, como para que la mañana me sorprenda pensando en ti.
Me gustas como para tomarte de la mano y llevarte lejos, en silencio, caminando. Como para salvarte de ti mismo, como para encontrarte, como para tratar de hacerte feliz, aunque llores de la felicidad.
Me gustas como para soñarte por las noches y por las mañanas, y tal vez hasta por las tardes. Como para imaginarte a mi lado, ahora, después, inclusive como para que nunca te vayas. Me gustas como para decírtelo, como para confesarte que tú sonrisa es por mucho lo mejor que me ha pasado, como para ocultarte que me encantas cuando despiertas, cuando te duermes, cuando te tengo, cuando me tienes.
Me gustas como para olvidarme del tiempo en tu cama, como para compartir contigo mis días malos y mis noches buenas. Como para devorarte la calma y regalarte un poco de mi caos. Como para sorber café a tu lado acompañado de esas típicas pláticas intelectuales, como para mirarte a los ojos mientras me dices no sé qué.
Me gustas como para leerte cuentos y poesías en tus noches de insomnio, como para prepararte un té si algún día te enfermas, como para escucharte cuando ya no puedas callar lo que te pasa.
Me gustas como para crecer a tu lado, como para creer por un momento que en esta vida no es del todo mala, como para sentirme fuerte y poder seguir viviendo, Como para que mi vanidad crezca, como para lucir bonita para ti, nada más para ti.
Me gustas como para cocinarte, aunque no sepa. Como para dejar mi orgullo de lado, como para invitarte a salir aunque no aceptes, aunque estés cansado de mi insistencia. Me gustas como para enojarme sin que sea por ti, como para comprarte bombones y como para pararme en la esquina a la que, sé muy bien, no llegarás.
Me gustas como para darte lo mejor de mi vida, como para llamarte -amigo, compañero, amante, amor mío-, como para regalarte mi tiempo y todo aquello que jamás le he dado a alguien, como para escribirte, como para dejarte intacto en el tiempo, en papel, en mi memoria.
Me gustas como para dedicarte estas palabras...

miércoles, 6 de febrero de 2013

El hoyo negro

Eres un hoyo negro que consume a mi paso aquello que llamo vida, aquello que he guardado en lo más profundo de mi universo, tan secreto, tan preciado, lo he guardado recelosamente y así de la nada lo absorbes, te lo tragas, como sin darle importancia, como si fuera tuyo y aun así, tan tuyo, me lo arrebatas. Como si fuera luz y tú, mi hoyo negro, ojos que la ven por primera vez.
No paras nunca, no te sacías nunca, y sé muy bien, nunca lo haras. No estás tranquilo pero no te mueves, esperas a que las cosas lleguen y las transformas, y las mueves a tu gusto. Creas y deshaces, juegas a ser Dios pero no lo eres, no eres más que un hoyo negro que después de crear se traga su creación y la desaparece. Y aun así no estás conforme, no es suficiente, no crees merecer tan poco ¿tan poco? Si absorbes todo, si no dejas nada, si encuentras en el lugar menos indicado lo que no quieres encontrar.
Le devoras la paz al universo, en ti no existe compasión, tu ego no permite que te detengas y veas tu propia oscuridad, esa que tratas de negar absorbiendo la luz de quien te rodea, de quien amablemente te intenta iluminar, tu ego es tan grande que hasta parece que es él quien aniquila todo a su paso, pero sé que no es así, porque te conozco, porque no hay otra palabra que te defina, la he buscado pero poca es la luz que me queda para encontrarla. Eres un hoyo negro que nunca se llenará, que siempre exigirá más, más, más, ¡MÁS!
Y si es verdad que lo eres, prefiero aceptar tu ausencia a estar presente el día en que la explosión sea inevitable.

lunes, 14 de enero de 2013

Noche 206

Y no me preocupa llorar porque sé que mañana seré más indiferente que hoy.

Aprendiendo a aprender.

Ya aprendí a no confiar en la gente, y aprendí a no creer en esos amores que se planean eternos.
También aprendí que los amigos no son hermanos porque muchas veces ni amigos son,
aprendí a no tender la mano a cualquiera que pueda irse sin decir Adiós.
Ya aprendí a hablar sólo cuando preguntan y tal vez a mentir cuando no quiero dar una explicación.
Aprendí que las personas no son indispensable y aprendí a callar esas miradas que delatan a un viejo amor.
Ya aprendí a mirar al conejo en la luna, y aprendí que la gente olvida lo que ha vivido.
Y lo único que no he aprendido es a aceptar lo que no quiero escuchar.
Porque aprendí que mi vida no se cuenta por estaciones sino por amores,
y aprendí que la soledad es buena, siempre y cuando se quiera estar así... Solo.
También aprendí que mi perro ha sido más leal que muchas promesas,
y aprendí que estas se juran con la boca y se quiebran con el tiempo.
Aprendí que si se encuentra lo que no se busca, duele,
pero que cuando se encuentra lo que se busca, a veces no es lo que se merece.
Aprendí que la gente en ocasiones no es lo que parece,
ni lo que dice ser, ni lo que en el fondo es, ni lo que de ella deja conocer.
Ya aprendí a ocultar lo que siento, y a correr sin destino cuando me siento en peligro,
aprendí que todo se cae a pedazos y que se necesita calma para volver a acomodarlo.
Me enseñaron que del caos se crea el orden, y que Dios no está arriba, y que el diablo se esconde,

y que el miedo es eterno, y que el cielo es profundo... como los ojos del tiempo..
Aprendí a burlar los sentimientos, y a reír de esos momentos, que marcan y matan.
Aprendí de vieja que el tiempo vuela, y no regresa.
Lo único que no aprendí es a aceptar cuando dices que no me amas,
pero estoy aprendiendo a aceptar cuando dices que eres feliz... lejos de mí.

martes, 8 de enero de 2013

El amor que no se olvida.

...De pronto escuché un canto que provenía de ningún lado, caminé velozmente sobre los pasos de un extraño, tropecé y caí en un hondo lamento, él me miró y salió corriendo...

...Cuando por fin me tomó en sus brazos me sentí a salvo, lloré por horas como un niño, canté una canción quedito y cuando volví la vista ya se había ido...

...El frío de la noche quemaba mi piel, la luz que se perdía apacaba mi ser, quise correr, quise alejarme, quise gritar qye no estaba ahí pero era demasiado tarde me había quedado sin voz... (mi voz ya no me peretenecía)

...La función comenzaba, era tiempo de actuar, sobre la cuerda floja comencé a bailar, los payasos se reían, la gente gritaba pero nadie aplaudía un acto lleno de cobardía llegó a su final...

...Caminé a solas en aquella playa oscura, desierta, miré hacia la eternidad, ahí donde el mar y el cielo se juntaban para crear vacío de soledad, corrí hacia el mar y me perdí en su inmensidad...

...Giré como gira mi rehilete...