Y aunque usted no lo sepa vino a cambiarme el mundo, así, de pronto, me salvó y ni se ha enterado. Puede que tampoco se entere de lo mágica que es su existencia, pero le juro que no miento cuando digo que su sonrisa me ha llenado de vida, de esa misma que creía perdida.
Espero que nunca me sorprenda observándolo, en silencio, desde el otro lado de la habitación, observando sus dedos que parecen ojos, y su mente, su maravillosa mente, llena de ideas, de filósofos, de su esencia, de caricias que da en forma de palabras. Su voz, sus ojos que irradian luz, su boca que tal vez en mi vida pueda tocar mi boca pero que aún así, a distancia, me hace flotar a un palmo del suelo.
¿Qué se siente, dígame usted, que su propia existencia sea la razón para despertar de alguien? ¿Qué se siente que sea su existencia el motivo de estas palabras? Podría hacerle más preguntas, pero usted aún no se ha enterado que he vuelto a vomitar conejitos, que me pongo nerviosa cuando tengo que hablar con usted, que es el café de sus ojos lo que me despierta por las mañanas. Que es su existencia el motivo mismo de la mía.
Y así, aparece usted de repente y todo vuelve a ser nuevo. Sin saberlo curó las heridas de mi alma. Me hizo olvidar las infamias del pasado, obligándome a rescatar lo mejor de mi historia, de mis mejores glorias.
No importa, si nunca se llega a enterar de que estas palabras son de usted, por usted y para usted. Sólo permítame verlo un día más, así, en silencio, de lejos. Voltéeme a ver fugazmente y regáleme por un segundo la marea de misterio que se revuelve en sus ojos. Tampoco me mire mucho tiempo, pero si en algún momento usted lo desea, míreme toda la eternidad.
El mundo necesita más poesía. Necesita amor, hecho poesía, como el que hace usted. "Nunca dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar al mundo" -Walt Whitman.
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