Es difícil escribirte éstas palabras de despedida y no porque aun me duelas o porque aun te quiera sino por todo lo que perdí. Parece muy lejano aquel sueño de querer estar a tu lado, y seguir tu filosofía y seguir esa manera tuya tan rara y vacía de amar. Es sólo que es difícil escribirte a ti.
No soy quien para contarte pero en un ataque de ansiedad volviste a mi mente, y aquello de quererte se ha quedado muy atrás. Te odié por vez primera, odie tu partida, ODIE TU FILOSOFÍA, tan burda, tan cerca, tan mía. Te odie y grité tu nombre, lo expulsé de mi boca, lo expulsé de mi vida. Por fin te quise lejos, lejos allá donde tú estás. Lloré, lloré tu despedida, lloré hasta que mis ojos dejaron de aferrarse a tus labios rojos y tu filosofía se fuera de mi, Y qué ironía, yo que fui tan tuya, yo que tanto bendije tu llegada y tu filosofía hoy no la quiero más aquí. Te odio y odié todo tu cuerpo, todos tus pensamientos, tus palabras y el haber estado en mi. Odie tus manos frías, tu sonrisa vacía, tus caricias, tus "Te amo" y tu mundo, lo odié. ¿Pero cómo odiarte querido mío? Odiarte sería odiarme y es algo que no me permitiré, si te odio entonces odio mi filosofía. Pero espera, que es hora de encontrarle un motivo a mi vida, de organizar mi mente y desterrarte eternamente, de mi y de mis sueños. Etiquetar lo que es mío y separar todo lo tuyo, liberarme de aquellos sueños y de tu filosofía, ya no quiero tenerte presente cada día, pues aunque te amé y te veneré tanto como a un Dios, hoy le digo "Hasta nunca" a aquellos ojos míos, a aquellos labios fríos a ti mi amor. Adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario