No estaba sola, sin embargo la soledad brotaba por mis poros, me negué rotundamente a sentir esa soledad que mata poco a poco. Mis pies empapados por la lluvia me hicieron sentir escalofríos y aun cuando llevaba una chamarra sentí frío, temblaba de frío. Las calles grises, la gente corriendo, las coladeras que más que ayudar perjudicaban con la formación de charcos, el frío por todo mi cuerpo, ya nada podía protegerme de la lluvia, estaba empapada y fue entonces cuando lo descubrí, cuando la respuesta llegó a mi. Fue en el momento en que acepté el frío el momento en que dejé de sentirlo. Dejé de temblar, sólo caminé sin cubrirme, resignada a mi ropa mojada, a mi cuerpo frío.
Llegó la respuesta justo como había llegado la lluvia, de repente.
Comencé a pensar sin frío, ¿Por qué no aceptar lo que somos? Si sentimos frío nos negamos a él queriendo sentir calor bajo la tormenta, ¿Por qué no aceptar que somos frío? Pero llegaremos a casa y podremos sentir calor y olvidaremos que fuimos frío.
Aceptar. La respuesta es aceptar lo que somos.
Seguí caminando y pensando, mientras la lluvia seguía callendo. Me seguí sintiendo sola, pero esta vez dejé de negar mi soledad y dije para mi: "-Haz tuya la soledad, se la soledad. Es tuya y de nadie más, disfrútala. Muere con ella y renacerás después. Se irá y la compañía que sientas cuando eso ocurra te hará renacer. Volverás a vivir."
Dejé de sentir frío y soledad.
Acepté que era frío y soledad.
Acepté que era frío y soledad.
La respuesta llegó y con ella llegaron los pensamientos que te iluminan... Iluminar... Iluminar,,, Fue entonces cuando recordé una de las vivencias que más me ha marcado en la vida. Recuerdo que sentí miedo, mis ojos estaban vendados, no sabía dónde estaba ni con quién, no sabía lo que había a mi al rededor, debí confiar en mis sentidos. Y mi necesidad de luz aumentaba con cada segundo que pasaba. No sé cuánto tiempo estuve sin luz pero llegó un momento en que acepté la oscuridad, me hice parte de ella, en el fondo deseaba ver la luz, pero si entonces no aceptaba que no podía ver jamás iba a llegar a ella. Cuando por fin pude ver, mi alma sintió paz. Olvidé la oscuridad y supe que por fin podía ser luz. Volví a nacer.
Fue ése día de lluvia en que la respuesta llegó,
el mismo que me salvó de mi.
Seguí caminando, y acepté que era frío, soledad, tristeza, miedo y dolor. Y es lo que soy. Sin embargo sé que pronto dejaré de serlo y cuando eso ocurra volveré a nacer. Comprendí que eso es la vida y la muerte. Esos son los ciclos de los que tanto habla la gente. Nacer y morir, aceptar lo malo para abrir paso, no a algo mejor, simplemente a lo bueno.
Para ti, que tanto te extraño.
Sana tus heridas y si quieres regresa, sino de todas formas gracias.
Lo único que viene a mi mente es un texto de jodorowsky, (no soy fan, pero rifó) http://costarowsky.blogspot.mx/2011/10/si-el-sol-hablara-la-via-del-tarot.html
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