¿Recuerdas cuando veíamos las estrellas? ¿Cuando creíamos que íbamos a estar juntos toda la vida, incluso hoy? ¿Recuerdas cuando el cielo nos envolvía con su oscuridad, mientras el viento nos mecía suave, despacio como sin prisa? Bien sabía que no nos cansábamos de contar estrellas, de apreciar el negro azul del cielo, ¿recuerdas esas noches que pasamos con los pulmones llenos del humo del cigarro, con los ojos llenos de estrellas y el corazón repleto de sueños? Nuestros ojos no reflejaban más que inocencia.
Y ¿hoy que somos? Hoy somos el viento que nos acarició aquella noche, ese viento que nos congeló los sueños y las ganas de hacer eterno lo pasajero. Hoy somos el recuerdo de las noches en el columpio, el recuerdo de los ojos y las estrellas. Hoy como ayer, no somos nada.
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